Hace poco estuve en casa de un amigo, mientras se duchaba me aparcó en el salón con su hijo de 9 años al que no conocía. Él estaba haciendo los deberes y un momento que me miró intenté iniciar una conversación.

- ¿Qué tal Pablo?

-Bien.

- ¿Muchos deberes?

-Sí.

- ¿Qué tienes?

- Matemáticas.

-Ah, muy bien.

Ante mi torpe acercamiento, prefirió volver a las mates. Dice muy poco de mi capacidad de conectar con un niño de 9 años. No es que muriera de ganas de hacerlo, pero prefería hablar con él antes de revisar el email. Tristemente al final tuve que sacar mi móvil y leer los emails.

Pero todo cambió cuando mi amigo suelta desde la habitación:

- Pablo, ¿Sabes que Óscar trabaja en videojuegos y sabe de Fortnite?

Pablo dejó automáticamente los libros, se acercó, me hizo mil preguntas, me enseñó su canal de Youtube, las skins que tenía, me preguntó si podía presentarle a Lolito (jeje), sus sueños de ser jugador profesional de eSports, etc. Se dio cuenta que algo del mundillo sabía, no era un farol de su padre.

 Tuvo que venir su padre y con una operación digna de los NAvySeals sacarme del salón mientras su hijo nos seguía por el pasillo.

¿Qué quiere decir esta anécdota?

Pablo sabía que yo estaba ahí; pero no le interesaba nada, tampoco la conversación que intenté iniciar.

Los jóvenes (menos de 30 años) por supuesto que conocen las marcas tradicionales, pero son insípidas e insustanciales, no conectan con ellos.

Pero todo cambia cuando les hablas de lo que les interesa. Puede ser música, deporte, sexo…o por supuesto eSports y videojuegos. Les alucina que un abuelo como yo sepa que es una Kill, un Invitational, un campeón de LoL o similar. En ese momento, no dejo de ser un abuelo, pero soy cool; me explican mil cosas, quieren hablar conmigo, me enseñan sus redes sociales…

¿No es eso todo lo que las marcas quieren?

Hay que estar en eSports y videojuegos, pero no sólo eso, también hay que tener la legitimidad articulando un mensaje atractivo para generar ese deseado engagement.